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viernes, 16 de octubre de 2015

Marlon negro (Relatos Dramáticos)

          


     Ama los taxis amarillos con cenefas cuadriculadas como tableros de ajedrez, a menudo coge uno que la lleve  a cualquier parte y desde dentro se limita a seguir con la mirada a los demás taxis que desfilan sin parar aleatoriamente por  la gran ciudad.
     
     Ama los taxis porque no sabe qué otra cosa amar aparte de su perrita Coriandra. Si no pasa el día montada en  taxis los rascacielos neoyorquinos la engullirán, como han engullido a todas las almas negras que pululan por la ciudad supurando miedo.
   
   Sabe que el portero se burla de ella: del anticuado cancán , de la torta nevada y  cabelluda que decora su cabeza, de la diadema de Coriandra, de sus labios  rotos  y sangrantes y de su supuesta insensatez, pero el portero no existe y ella ríe por dentro  porque él no sabe que es ella quien lo sueña para que le pare el taxi que la salvará de la perdición un día más.
    
    El taxista de hoy es un hombre fuerte como el Marlon Brando de su juventud; ella saca el espejo del bolso , se arregla el cabello (todavía es tan guapa como Blanche Dubois) y mira coqueta al taxista por el retrovisor.
    
   Pero  Brando se cansa pronto de no ir a ninguna parte e insiste en que le dé una dirección. No saber a dónde ir le incomoda, inconscientemente   le da miedo, un miedo visceral que refiere  otros miedos más profundos, abisales.
     
    Blanche le sonríe por el retrovisor con su sonrisa  de carne seca y pegajosa y observa el brazo musculoso de Brando apoyado en la ventanilla abierta. Saca la larga pipa del bolso, seductora, y la enciende. Brando está perdiendo la paciencia, fumar en el coche está prohibido, le grita con su voz poderosa de negro. A ella, este arranque de autoridad le parece muy propio de Brando, del Brando negro, y sabe que es parte del juego por eso va a desobedecer. Exhala la humareda sobre el cuello robusto y sonríe un semicírculo emborronado de rojo. 

     El Marlon negro siente asco. Siente asco de Blanche, de su perrita Coriandra con su  diadema, del olor perruno y del perfume intenso de cuerpo corrupto y Pachuli, de la boca mamarracha y del humo que exhala el decrépito aliento. Marlon se cansa. Para el taxi, abre la puerta, con una mueca de asco coge a  Blanche del brazo  y la empuja fuera. Coriandra , aterrorizada, se acurruca en el interior del coche.  Blanche da un grito al caer. El taxi se aleja con Coriandra dentro.

    En el bar de enfrente, varios hombres fuertes beben largas jarras de cerveza. Uno de ellos señala a Blanche. Los ve acercarse, son hermosos, como los de su juventud, los espera con ansia y ambos brazos apoyados sobre el suelo. La invitarán a cervezas y bailarán toda la noche, y luego llamarán un taxi, caballerosos, y buscarán a Coriandra. Blanche sonríe cuando siente la primera suela romperle la boca.

    Marlon está harto de los lloros de la princesa Coriandra, de su estúpida diadema y su olor perruno. Vocifera, extiende el brazo hacia el asiento trasero, coge al pequeño animal del pescuezo, Coriandra llora y tiembla. Marlon abre la ventanilla de la derecha y la lanza a la carretera. Por el retrovisor ve las ruedas del coche rojo y la diadema que sale disparada hacia la cuneta. Al menos ha sido rápido, se dice.

     Blanche se convulsiona en el suelo. Otro Brando sano y hermoso como el de su juventud le abre la boca con las manos y la besa, le echa el aliento dentro hasta casi reventarla una y otra vez. Nunca nadie la ha querido tanto.  Oye sonidos de lejanas sirenas, como en sueños. Como las que pasan por su calle a todas horas.
   
    Abre los ojos. Alrededor muchas caras  la observan, a ella, a Blanche, y él vuelve a besarla allí mismo mostrándole  al mundo su amor. Después la tomará en sus brazos y  la llevará con Coriandra.

     Cierra los ojos y sonríe  justo antes de que la nada la engulla.

©Celia Seguí 2015


22 comentarios:

TORO SALVAJE dijo...

Buenísimo!!!!!
Me ha gustado una barbaridad.
Lo he visto como en película.
Describes muy bien los personajes y las situaciones.
Y además tu creatividad es hermosa.

Un Bravooooooooooooo para ti.

Besos.

Celia Segui dijo...

Gracias, Toro. Todo un honor que un poeta como tú me diga eso.
Besazo

Marta M. dijo...

Hola: Blanche sigue sintiéndose joven y le gusta gustar aunque a este Marlon Negro le pierda la paciencia. Me imagino perfectamente a Coriandra... un relato muy expresivo. Seguimos en contacto

AMBAR dijo...

Me has tenido pendiente de un suspiro del principio al final.
Parece que para Blanche el tiempo no pasa, quiere sentirse amada en su eterna juventud y sonríe feliz hasta pasar al otro lado de la vida.
Muy buen relato.
Un abrazo.
Ambar

Celia Segui dijo...

Gracias, bonita :)
Besos

Aquello noerayo dijo...

Como cambió la historia a como la recordaba.
En fin, no deja de transmitir pena esta blanche.
Besos.

Celia Segui dijo...

Es que no es un Tranvía llamado deseo ;)
Gracias, Aquello noerayo.
Besos

La utopía de Irma dijo...

Pero qué buenoooooooooooo...

Abrazote utópico, Irma.-

Celia Segui dijo...

Hola , Irma la Dulce :)
Gracias por visitar mi blog y por tu comentario. Acabo de estar en el tuyo y te sigo. Estamos en contacto.
Besos

Opiniones incorrectas dijo...

Pensaba que era una vecina a quien observabas :D

Impresionante, sin ser real bien podría.

Besos

Celia Segui dijo...

Gracias, guapa. No es ninguna vecina,es ficción.
Besos

Piruli dijo...

Ohhh que triste... Pero muy bien escrito.
Besos

Celia Segui dijo...

Gracias, Pirulí
Besos

Lili dijo...

Desgarrador. Qué tristeza me causa la soledad, y eso es lo que noto en Blanche, una soledad tremenda, aunque ella la intente esquivar con la imaginación y con el romanticismo.

Es precioso.

Besos :-)

Celia Segui dijo...

Mil gracias, Lili.
Besos

Salamandra dijo...

Celia, cuando leo a quien tiene esta capacidad para transportar a los demás a través de palabras tan bien juntadas, me lleno de envidia. Pero no de la sana, no, de la veeeerrrrdeeeee :-)

PLAS PLAS PLAS PLAS, me quito el sombrero.

Esta Blanche casi me da más pena que la original (que ya es decir). Qué duro es no asumir el paso de los años. El anclarse a una idealización, la que sea, de que eres una persona y no otra. Y qué fea es la crueldad de quien no tiene un átomo de empatía en el cuerpo (hay tantos!!).

En fin, que me ha encantado. Un besito.

Celia Segui dijo...

Ay, gracias, Salamandra, bonita. Me hace mucha ilusión lo que me dices.
Fuerte abrazo.

Inma_Luna dijo...

Pero que muy bueno tu estilo.
Me asome por que te vi en otro blog, y ha sido muy grato.
Te dejo mi blog por si te gusta seguirnos.
Un saludo

Inma_Luna dijo...

elblogdemaku.blogspot.com
Perdón se me olvidó

Celia Segui dijo...

Pues claro, Inma. Gracias, ahora mismo te visito.
Besos

Marcos dijo...

Pobre Coriandra, que penita me dá.

Celia Segui dijo...

A mí también, Marcos, jajaja.
Besos

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